miércoles, 7 de junio de 2017

Graduación

Tras muchas lunas llenas sin ninguna huella por la estepa nevada, corriendo en la libertad y con el viento frío invernal soplando con fuerza en dirección contraria, al fin, podemos salir de la cueva y respirar aire puro y contemplar deshacerse la nieve bajo nuestras patas y poder atrapar grandes acontecimientos y vivencias con las que compartir.




 Tras mucho estrés estas últimas semanas de estudio continuo sin poder relajarse un momento, pues muchos estudiantes estamos en la última vuelta de la carrera, la que nos hará decidir sobre nuestro futuro inesperado, lleno de nuevas experiencias, las cuales nos permitirán servir al planeta de diferentes maneras.

Hace unos pocos días tuve mi graduación, un momento inolvidable y una de las ocasiones en las que los nervios están a flor de piel, pensando que no te puedes mover del sitio para poder darte un diploma y colocarte una banda que dura muy poco tiempo puesta y que en pocos segundos te la estás recolocando y vuelta a empezar, y finalmente te la tienes que quitar; solo que en mi graduación no había gabardina ni sobreros con los que tirar al aire para celebrar el final de una de nuestras etapas en la que todos somos estudiantes.



En la ceremonia, se presentó un vídeo hecho por los alumnos mostrando como fue nuestro último curso en el instituto.
Se presentaron muchos discursos de muchos alumnos y de los profesores que querían comunicarnos que aunque hayamos dejado de ser alumnos suyos, todavía no es tarde para pensar que no siempre dejaremos el instituto atrás, lugar que no corresponde a ninguna experiencia donde hemos pasado toda nuestra adolescencia en ese sitio.

Tras la ceremonia, muchas fotos que hacer con la familia y los compañeros de clase y tras comer unos pinchos de tortilla, una pocas lonchas de lomo, salchichón, y otras cosas, añadiendo bebidas para saciar la sed, los alumnos nos dirigimos al restaurante para cenar y los profesores que han querido ir con sus alumnos.

Al terminar la cena, los alumnos nos preparamos para bailar al son de la música hasta las tantas de la mañana, junto con algo que beber.
Todos y todas bailamos, meneamos el esqueleto como si no fuese a acabar, una de las mejores  noches que he pasado.


E incluso hubo algún que otro atrevido que quiso continuar con la juerga, y siguió celebrando la noche de graduación en otro lugar.

Fue una gran experiencia, que si se pudiese, volvería a repetirla de nuevo, es algo único en la vida que pocas veces se tiene que dejar pasar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios y aullidos nocturnos dan vida a este blog. Anímate a contarnos que te ha parecido la entrada.

No está permitido el Spam y los comentarios ofensivos. Serán borrados de inmediato.